El juego de la oca
Norberto de la Torre
Más de uno, como yo sin duda,
escribe para perder el rostro
Michel Foucault
I
La escritura
No existe el verdadero sentido de un texto.
Sea lo que sea lo que haya querido decir,
ha escrito lo que ha escrito.
Paul Válery
martes 4:20 pm
Después de varios intentos por romper el silencio, he decidido ceder a la locura y hablarte, escribirte como en clave, siguiendo el curso irregular y desordenado de mis propias reflexiones que brotan al azar. La lectura te parecerá un galimatías indescifrable y contradictorio, en el que se cruzan la conservadora realidad y el absurdo. ¿Qué más da una nueva esquizofrenia en este mundo donde la razón se extravía cada momento? Una recomendación puedo hacerte sin embargo: si te parece malo o te aburre, retira tus ojos de lo escrito, déjalo para más tarde o para nunca. Después de todo, es mucho más valioso lo callado que lo dicho, más grande el silencio que la cháchara.
miércoles 7:23 pm
Tengo que inventarte cuando tomo la pluma. Eres una mujer de ojos obscuros que interrogan, un perro neurótico ladrándole a su sombra, un adolescente desafiante, un vendedor, un limosnero, una mujer que barre, un ebrio. Eres mi esposa, mi hija, un compañero, el hijo que nunca tuve, un amigo, un conocido, mi maestro, mi alumno. Eres también yo mismo, lo que nunca he sido, la sombra que se esconde en los armarios, un poco de basura y un recuerdo, un soldado de plomo, una pelusa al sol, una rata royendo los zapatos en la noche. Eres, sobre todo, un pedazo de vidrio moviéndose entre espejos.
lunes 6:29 pm
Más que una carta quisiera que estas líneas dibujaran una historia, la que se enreda con los días y con los años, la que se decanta en las tardes desde la voz cansada de los viejos, que son fantasmas hablando de fantasmas. ¿Pero cómo plantear el inicio de una anécdota que es, invariablemente, un trozo de una historia más grande? El asunto puede comenzar con el amanecer despreocupado y cálido de una mujer ficticia que, voluptuosa, invita a la vida a reproducirse en ella; en el otoño que conspira con el tedio para planear locuras; en la contundente irrealidad del joven que se fuga; en el discurso inútil que intenta paralizar la historia con palabras.
Lo que sí puedo decirte es que este cuento se inicia en un lugar oscuro a la luz de una vela que no ilumina sino que inventa sombras; con un libro amarillento, ya sin pastas, que habla de piratas. Huele a tierra mojada y eucaliptos. La realidad se me perdió ese día, no sé si entre las hojas del viejo libro que no encuentro o entre las sombras que temblaban sobre el muro.
jueves 4:00 pm
Sin hablar del caso cuando escribir da miedo
Roland Barthes
Escribo para comentar mi viaje. Alberoni dice que la amistad es un conjunto de encuentros, pero el hallazgo lleva implícito el adiós. Viajo, cada carta significa otro encuentro y otra despedida. El punto final abre un nuevo silencio, una muerte, otra espera, una promesa que puede no llegar.
La razón de mi partida tiene que ver con muchas cosas: el miedo; mis muertos que empezaron a poblar los sueños; una sensación de ahogo. Pensarás que soy un paranoico cuando en realidad soy nada, una marca más, como tú, en la rueda del tiempo que regresa.
viernes 10:00 pm
Lo fundamental en este viaje han sido los fantasmas. Caminé sobre arena con la ilusión de visitar ciudades. En realidad persigo puros espejismos, algunos de ellos fascinantes, tanto, que casi me convencen y me atrapan. ¿No te pasa lo mismo? ¿No se deshace la roca entre tus manos, no se vuelven humo los viejos libros y los diarios? A veces no encuentro qué decirte, las noticias se hacen viejas en segundos, cada nuevo pueblo que visito me parece una réplica de aquel de donde vengo.
sábado 7:24 pm
Quiero seguir relatándote mi viaje, los lugares, las costumbres, las personas, a pesar de que jamás he salido de mis cuatro paredes. Hace frío afuera y muchas sombras, además, me gusta mi lámpara, mi pluma ya gastada, mi mesa con el juego de la oca en la cubierta. Cada uno de los sesentaicuatro cuadros del tablero es una puerta, un paisaje, casi un mítico viaje hacia el infierno. La serpiente, el pozo, la cárcel y el payaso. No me atrevo a levantar los dados. El soldado, la medalla, la corona y la muerte. Un gato negro acecha en el tejado y está la cárcel muy lejos de la oca y muy cerca del bufón. El trigo, el molino, el puente y la pelota. Alguien está en el laberinto haciendo arabescos con la tinta, enredándose las manos con palabras.
martes 6:20 pm
Las aves forman grupos en las tardes, se ponen a trazar figuras caprichosas en el cielo mientras busco palabras para enviarte. Trato de encontrarlas entre los pliegues del sueño, en las conversaciones de los viejos, en mercados, en cafés, en basureros. Este asunto de los signos me preocupa pues no encuentro palabras que sean mías, todas son prestadas, la pátina las cubre más o menos. Te envío estas frases a riesgo de perderme entre renglones. Con temor, sobre todo, de que te pierdas en discursos, y quedemos los dos convertidos en el efímero trazo de un pájaro volando en el otoño.
viernes 12:23 pm
Te escribo desde un mediodía nublado, frente a una taza de café, con la presencia de un hombrecillo impertinente de escasos quince centímetros de estatura, que a grandes trancos camina alrededor de mi taza. El sujeto apareció de pronto, inexplicablemente. Quisiera contarte su historia que me imagino truculenta a veces, y fantástica en otras ocasiones. Sin embargo, no he podido sacarle una palabra. Algunas tardes me observa mientras escribo, hace gestos de no entender porqué ni para qué lo hago. Sonríe con indulgencia. Se desespera con algunas palabras que utilizo, finalmente, echa a correr y se pierde.
Invertí algún tiempo en buscar su escondite, en tratar de ubicarlo, en intentar comunicarme con él. Me di por vencido y ahora lo tolero de tarde en tarde cuando escribo. Me da la impresión de que espera una combinación de palabras específica, una frase, una especie de fórmula. Tal vez perdió la esperanza porque cada vez son más largos los lapsos en que no lo veo.
Hoy está aquí, más desesperado que nunca. Acaba de perderse, casi lo vi mezclarse con el humo de mi cigarro, aunque no sé si se volvió luz o sombra o tinta, mancha en la pared. Me parece que no volverá, sólo es un personaje que quedará preso entre las hojas de un libro, o hecho ovillo entre los papeles viejos.
sábado 9:42 pm
La palabra despierta, abre los ojos,
dice apenas que existe
José Emilio Pacheco
Las sombras, como los gatos, arquean sus lomos en los callejones y en las azoteas cuando la noche crece, ésa es la señal para que las palabras rueden. Zarpan barcos desde las aceras con las redes dispuestas para pescar palabras que son esferas de vidrio, un poco de basura y palomas de luz y escupitajos.
Existen en los pueblos artesanos, que cincelan palabras de ágata, agüitas, bombonas de piedra quebradiza y ojos de la noche. Necesitas caminar hacia el oriente si quieres escuchar el rumor de las canicas. Nadie las ha visto, sólo queda una fina capa de polvo que se asienta al despuntar el día.
miércoles 12:33 pm
Acuso recibo de tu carta, en ella me dices que tienes dificultad para seguir mis textos, te parecen oscuros, no logras ubicar lugares: Me dices que algunos tienen un sabor a viejo, otros huelen a basura, a bilis, a podrido. Los paisajes son vagos, los personajes fantasmas. No sé qué decirte, me siento tan irreal como mis textos. Todo trazo es efímero. Mi espejo refleja un cúmulo de muertes repetidas. Cada carta es producto de una tinta diferente que destila la misma pluma. Los lugares, las personas y los atardeceres emergen de la niebla para perderse en una bruma más densa. Perdona pero no soy el mismo que recuerdas, soy muchos otros. Lo que sabemos de nosotros nos separa, pero nos une irremediablemente, lo que ignoramos.
miércoles 6:18 pm
Quisiera entrar en las librerías y en las bibliotecas para enriquecer mis epístolas con cifras, datos, fechas y todo aquello que te pueda dar una idea clara de los lugares que visito. Pero apenas tengo cupo en la memoria para un rato de sol, algo de lluvia, el viento, el calor de una piel que se incendió en la noche. Sólo puedo decirte que he sentido en las piedras, las calles, en la dura corteza de los árboles, el latir de muchos muertos en batalla, de mucho dolor, de mucho llanto.
jueves 4:26 pm
El discurso será incompleto.
Roland Barthes
Espero no abrumarte con los textos que, ocasionalmente, someto a tu paciencia. Es posible que prefieras descripciones detalladas y un lenguaje más cálido, más cercano a la charla. Dos son las razones por las que mis escritos se acercan a los sueños. La primera, mi afición por lo impreciso, por el desorden y el caos, mi tendencia personal hacia la fuga, mi repugnancia por todo lo que pueda convertirse en ortodoxia. Lo acabado ya está muerto, sólo sigue viviendo lo imperfecto. La segunda razón es una indudable incapacidad de mi parte por aprehender la realidad, se me escapa, se desdobla, se vuelve múltiple.
Mis cartas son una pobre traducción de lo que perciben mis sentidos. Todo texto es falso, es un indicio, una sombra. Las palabras mueren apenas se seca la tinta que las forma. La realidad, si es que eso existe, elude las cadenas de los signos. Sólo nos queda el recurso de fabricar espejos.
sábado 5:45 pm
Escribo por encargo pero sólo en las tardes después de picar piedra, de medir la soledad a pasos, de levantar costras de sal y pirámides de arena. Una voz muy tenue se destila aciertas horas y dicta, cuando silban las sombras.
lunes 4:36 pm
El viento musita lo indecible cuando corre y se cuelga de las ramas, la mosca también, la flor marchita, pero sobre todo el agua que cae en los tinacos. La tarde se duerme en el desierto, construye ciudades con ausencias. Se pudren ríos y bosques. Las charcas se llenan de cadáveres.
Trato de escribir los silencios más allá de ese perro somnoliento, de aquel camión que me imagino viejo, de los gritos. Pero es mejor que rompa esta hoja y escuches al viento, que dice lo indecible mientras corre.
jueves 7:18 pm
Empezaron a llegar las cartas, sin razón, sin orden aparente. Un día se levantó y ejecutó su ritual diario, antes de salir encontró un sobre cerca de la puerta. Ese fue el primero de una serie de textos que irrumpieron en su vida. Aparecieron bajo la puerta, sobre el escritorio en su oficina. Al leer el periódico encontraba misivas que, tenía la certeza, estaban dirigidas a él. Encontraba textos bajo la cuenta en restaurantes, entre las hojas de un libro recién adquirido. Eran cartas de viaje, anécdotas, descripciones de lugares fantásticos o sórdidos, cuentos, crónicas o simples comentarios sobre hechos triviales e ignorados.
En un principio las depositó sobre su escritorio, hasta que llegó el momento de que no cabían y daban la apariencia de desorden. Las clasificó por fechas y las guardó en un cajón desocupado. Más tarde pensó que tal vez ocultaban algún mensaje y leyó entre líneas, buscó un orden diferente y volvió a leer. Otro día las distribuyó al azar y las leyó de nuevo, las reordenó de acuerdo a la secuencia cronológica original y las guardó. Las cartas llegaron, se desocuparon cajones y archiveros para dar cabida a tanto papel.
Una cosa quedó bien clara, el universo cambió, las cosas no fueron las mismas desde que se convirtió en destinatario. Junto con los textos apareció el dolor de cabeza y la náusea. En ocasiones no se reconocía en el espejo. Romper algunas cartas le aliviaba, pero por cada hoja destruida aparecían dos o tres sobres en cualquier parte. La solución llegó como un descubrimiento. Buscó en el directorio un nombre que fuera de su agrado. Escogió un destinatario y empezó a enviarle los textos por correo, a través del periódico, se los empujaba por debajo de la puerta. Lo seguía para dárselos de cualquier modo: en el menú, en la bolsa del mandado, en algún libro que acababa de adquirir.
lunes 11:00 a.m.
Me gusta la historia y te la cuento, pero no la de grandes personajes sino aquella que ve correr el sol mientras se rasca, la que oculta el rencor y los cuchillos cuando salen las patrullas en la noche, la que sedimenta en las paredes, carcome la piedra y los metales. Hay una historia que se asoma apenas cuando la luz se escapa entre rendijas, siempre es un fragmento, una historia sin principio y a la espera de un final que nunca llega. Te relato unos golpes de martillo en la mañana, una ambulancia que corre por Carranza.
sábado 5:59 pm
Te enviaré estos textos, tal vez, encuadernados. Puedes optar por arrancar las hojas una a una para hacer papirolas o imaginar incendios. Si te decides a leerlos no esperes encontrar respuestas, no las hay, si acaso algunos enigmas. Asigna un orden arbitrario a la lectura o arroja una moneda al aire para encontrar un I King escondido entre renglones. Escoge una palabra aquí, otra allá, un verbo, un sustantivo, un adjetivo y después fabrica con ellos adivinanzas, absurdos. Qué puede haber en las palabras que no esté ya en la lucha de un arbusto por crecer entre las rocas. No pretendo decirte gran cosa con mis cartas, sólo aspiro a que escuches el sonido de mi pluma y de un papel que se rasga y también, a veces, el sonido de los días que se gastan con la lluvia.
viernes 3:58 pm
Las hojas se pudren en los charcos. Los recuerdos se avivan y comienzan a recorrer los laberintos, pugnan por salir para perderse en otro laberinto. Qué puedo decirte que no esté en el sentido oculto de una frase o incrustado en las páginas inertes de algún libro. El discurso carcome la realidad, deja sin sentido hasta los sueños, que se vuelven lugar común y propaganda.
martes 3:52 pm
Quiero decirte las cosas de modo diferente, rascar la cal de las paredes para descubrir el rostro oculto de una ciudad en ruinas. Me gustaría que oyeras las voces de la calle, el crujir de los monumentos que se caen. Te envío sólo palabras sin embargo, para fabricar cadenas y espejismos. Nada es importante, ni esta hoja de papel en la que escribo mientras escucho el tintinear de un bote rodando en la banqueta.
jueves 7:35 pm
Me gusta decirte cosas inútiles como un poco de pasto o una mancha en la pared, dos o tres mañanas silenciosas y con frío. Sé que pasan cosas importantes, hechos que atraen la atención de mucha gente, pero a veces, me cuesta trabajo desprenderme del sonido cadencioso de la lluvia.
viernes 10:26 a.m.
Leí las copias de las cartas que te mando y me encuentro con algunas obsesiones: la calle, el polvo, la lentitud de los domingos. Te escribo con cierta regularidad para trazar un puente y para perder el tiempo. Las cosas que te digo ya no existen, si guardas mis escritos tendrás una irremediable colección de muertos. Sólo tú eres rescatable entre tantos papeles, tú que te escondes entre líneas y vas, como yo, tirando puentes sobre abismos, tirando puentes que, tal vez, jamás alcancen la otra orilla.
viernes 3:47 pm
Salí hace tiempo a recorrer las calles y te escribo. En mis cartas la pluma, el diablo y la ciudad se superponen. Te digo su intrincado deambular entre los sueños. Cómo quisiera desenlazar la historia y enviarte una carta final que te sorprenda con la muerte del demonio o el hallazgo de un mito, o por lo menos, con la noble agonía del remitente, encontrar el texto exacto que sea el final de todas las historias. Pero detrás de un mito hay otro mito, los días se apilan en los basureros y en los patios. Una casa se cae, los albañiles construyen otra que empieza a derrumbarse bajo el peso del polvo.
Te llegarán mis cartas, silenciosas, como las mañanas o los desayunos. Habrá más remitentes que tomen el lugar de los que mueren.
II
La ciudad
Pero la ciudad urde tapices, es
hábil y tiene siglos de hacerlo y borda
en ellos puras escenas escabrosas
Alejandro Aura
viernes 6:37 pm
Te voy a relatar de un personaje que prefería morir por las mañanas para evitarse los cocteles y algunas despedidas. Solía pasear, cadáver, en las tardes y recoger basura, palabras enmohecidas. Tuvo siempre la curiosidad de recoger hilos para atar sus memorias y guardarlas, lejos de la luz, en los cajones más altos del armario. No sé por qué te hablo de él pues no era un general, ni un líder, ni un laureado poeta, era sólo un hombre que tomaba café antes de morirse, se ataba los zapatos y salía, a llenarse los bolsillos con recuerdos.
lunes 11:00 a.m.
Huí del sol sanguinario de Sonora y vine a dar con mis huesos a este pueblo, a esta vieja ciudad de cuatrocientos años: Aquí tiro los dados y construyo una red de caminos invisibles. Batallo con piedras y palabras. Siembro un montón de textos inconclusos que sólo rasgan, un poco, el velo de una realidad ya muerta. Siempre te hablo desde estas calles empedradas, desde estos muros que son como la piel con que se cubrió el desierto. Tengo otra ciudad en la memoria que se inundaba en junio y se vestía de pregoneros los domingos, se borró para dejar unos viejos jardines, el atrio de una iglesia, unos cuantos fantasmas, largos viajes en tranvía, una marcha silenciosa y el rostro anónimo de muchos granaderos. Te hablo desde las dos o de ninguna, tal vez de una tercera perdida entre las sombras.
domingo 10:45 a.m.
El universo se llena de obsesiones. Las imágenes se repiten y nada nuevo ocurre. Sólo se ve caer el tiempo cuarteando muros, cubre de lama los relojes. Recuerdo un viejo borracho que daba tumbos en las tardes, se escondía en los zaguanes, regalaba dulces a los niños y máscaras del Santo. Contaba historias y tomaba para no oír las cadenas, para no ver a los perros, para hacerse invisible al policía.
lunes 9:40 a.m.
Casi se ve el color del frío por estos rumbos, es de un azul filoso que lastima. Las mañanas se arropan con neblina pero ni así evitan los temblores. En este lugar los muertos se reúnen en consejo para construir casas, avenidas, alimentos, utensilios, libros, escuelas. El discurso es como un rumor, como un eco apagado de voces en las minas, como el murmullo del rosario en los velorios. Al final sólo los muertos ganan, obligan a los vivos a caminar con el rostro vuelto hacia la sombra.
jueves 12:25 pm
Hoy quiero decirte la nostalgia que a veces se cuelga de las ramas o de los cables de la corriente eléctrica. Corren unos niños sobre el césped y me ayudan a rascarle a la memoria. Tengo perdidas algunas rebeldías y un encuentro con soldados en el Zócalo. Quiero recuperar los recuerdos, revivir el rencor, rescatarlos del polvo, de los huesos de una realidad ya muerta. Te escribo desde una vieja calle adoquinada que también se destruye y la recorro, echándome al bolsillo las esquirlas.
viernes 11:15 a.m.
Quiero platicarte de mí a veces, de cómo se construyen y envejecen mis paisajes. Temo ser pedante sin embargo y me callo, para ver arder, a solas, la ciudad que tengo dentro, para verla temblar hasta volverse escombros. Soy un idiota que persigue idioteces a sabiendas, como un puesto político o una estampilla. No te puedo decir que me consumo en un conflicto intenso porque al caminar por dentro sólo veo basura, espejos, un archivo de paisajes olvidados, y uno que otro lugar acogedor en el que me gusta estar para guardar silencio.
domingo 11:15 a.m.
Envolturas de papel se mueven para cubrir esta ciudad con la basura. Casi se ve crecer la enredadera cubriendo el muro, los relojes. Hoy es domingo y el silencio se ofrece como ancla en el desierto, en el orín que mancha las paredes, en el arrastrar de pies alrededor de las iglesias, el agua que gotea, el histérico ladrido de un perro prisionero y el tintinear de las palomas. Se morirán los peces y las sombras. Mañana será lunes y una nueva guerra emergerá del polvo.
martes 4:37 pm
Tengo la impresión de que en esta ciudad en la que vivo, y desde la que te envío notas e impresiones. En esta ciudad, repito, todos duermen, construyen su historia con los sueños.
miércoles 4:10 pm
Ya verás el llanto y el vacío, ya verás esta calle en donde los panaderos dejan un sudor blanco, los albañiles construyen cárceles y grietas. Los lamentos caminan en silencio con un recuerdo de sábana y un grito vuelto momia en el bolsillo. Verás deshojar cebollas quitando sus capas una a una mientras ríes. Verás, si te atreves a visitar las sombras, la cantidad de asesinados con espejos y los sueños clavados con alfileres en los muros.
jueves 6:05 pm
Debo mencionarte las veredas. Se forman sin sentir, casi de la nada; se entrelazan para formar una red en la que quedan atrapados caminantes, borrachos, algunas mariposas moribundas. Los caminos parten de cualquier lugar para llegar a ningún lado, son como surcos sobre piedra o un poco de polvo, o césped amarillo a fuerza de pisadas. Las veredas están vivas, nacen crecen, se reproducen, mueren generalmente por la lluvia y el olvido, son cadenas, ramas, círculos, laberintos. El desierto se puebla de caminos que se vuelven arena por la acción del viento.
En esta ciudad cada objeto es un sendero: las butacas, las cafeterías, algunas cantinas, los perros amarillos y los negros, los vasos y los ceniceros, las sandalias, la televisión. A fuerza de caminos se tejen los capullos y las cárceles.
viernes 4:50 pm
Todos mis textos hablan de la calle, aún los que describen la intimidad y la cárcel. Te vi caminar a la caza de carteles en vidrieras, cuando las arañas gastan el tiempo en cubrir los rincones y los cuadros con sus telas. La calle siempre, llena de sorpresas y de sombras. Te vi medir a pasos las aceras, esquivar las hormigas, los guijarros. El desierto se esconde bajo las ciudades. Estoy en mi casa con mi pluma. Entre tú y yo hay una calle para andarse.
sábado 10:30 a.m.
Por la mañana sale un barrendero, un maestro, la señora que va al pan, el camión de la basura. Rechina una puerta con el aire. Alguien espera quién sabe qué, quién sabe a quién. Todos los jardineros salieron con sus bicicletas y sus machetes. Todos los albañiles, los oficinistas, los doctores, los abogados. Los magos inventan realidades de papel. Se abrieron las tiendas, las escuelas, las panaderías. El historiador dormita en alguna biblioteca, anota sus sueños en los libros.
domingo 2:03 pm
Acepta esta crónica absurda en la que te narro los ladrillos, los muros, las ventanas. Existe una ciudad que nunca encontrarás pues se destruye apenas es tocada por el polvo, por las voces. Las palabras se cruzan, se forman sin tocarse, rebotan contra las grandes orejas, los cables, las antenas, los televisores. Construimos una torre de Babel con nuestros pasos.
lunes 4:32 pm
Un gato lame sus heridas, en sus ojos juegan las escenas de una lucha de amor en la azotea. Así el amor felino, y el humano, se fragua a cicatrices.
martes 3:58 pm
Escuchas la soledad a ciertas horas en los callejones y en algunas plazoletas medio en ruinas. Si te fijas bien cada jardín es un palimpsesto en el que se superponen las historias y el sudor y la sangre y la saliva. Huele a embriaguez en unos lados, a nostalgia en otros, a olvido en casi todos. Por las calles vagan hombres y mujeres que perdieron el rostro, se dice que tanta luz de neón y tanto espejo diluyen los rasgos de la cara hasta dejarla lisa, o tal vez es el viento de febrero que azota con rencor, o el polvo, o el sol que cae de peso en el verano. Lo cierto es que florece la industria de las máscaras, los artesanos hacen su agosto en los mercados. Los pobres y los ricos usan máscara, y hay quien tiene varias para ocultar la ausencia.
viernes 8:04 pm
Desespera la quietud espesa de las tardes nubladas, cuando la ciudad adquiere un gris de plomo y el tiempo corre lento como resbalando aceite sobre muros. Hay una soledad de perros en el llano. Se oyen ecos de un aullido lastimero, historias que hacen densas las horas: como la de una mujer asesinada a golpes, la de un santón que habla con el pueblo en el desierto. Mientras tanto mueren los ecos y las sirenas.
miércoles 6:17 pm
Hace días un individuo me preguntó por una calle, una dirección cualquiera; como si no supiera yo, y él, que la ciudad no existe, es un espejismo. Los dos fingimos ubicar un lugar preciso en el desierto y nos separamos, en silencio.
domingo 11:48 a.m.
Las palabras se niegan a salir, se diluyen, se hacen pequeñas como un susurro o como el viento cansado del verano. Emborracha el silencio y das tumbos durante meses, vomitas palabras que se pudren, salpicas las aceras con discursos.
En esta ciudad se ven caminantes deambular sin rumbo, choferes impacientes, el sol que aplasta, un mensaje demagógico en las bardas. Se ven realidades fabricadas con humo en los cafés, en las oficinas, en los mercados. La realidad se pierde en las ventanas, bajo los templetes, en las bolsas de plástico rellenas de basura: los perros se la tragan y las dejan regada en las esquinas. Hay algo evidente sin embargo: la esperanza erizada de alfileres. La esperanza nació muerta y se pasea maquillada por las calles.
jueves 6:02 pm
En una plaza pública se desarrolló un juego de damas en el que, frente al tablero, dos adustos sujetos movían piezas imaginarias. No supe quién jugaba blancas y quién negras. Poco más de una docena de espectadores se apretujaban alrededor del tablero. Cruzaron apuestas. Los partidarios de uno y otro se lanzaban insultos, el odio desfiguraba sus rostros. Los ánimos se caldearon y no faltó uno que otro pisotón, una bofetada, una herida. Finalmente los sujetos terminaron su partida, plegaron el tablero, se dieron la mano y se alejaron dejando un campo de batalla a sus espaldas.
lunes 8:10 pm
Me gustan los aleteos de la lluvia
sobre los lomos de la ciudad flotante.
Jaime Sabines
Tarde o temprano te topas con la lluvia, es inevitable. La cerrazón proyecta sombras húmedas. Se te moja la piel, los huesos. Imprimes huellas de lodo en las aceras.
Huele a barro. La ciudad cambió de piel, el pavimento se desprendió a pedazos y las calles se volvieron ríos. Las casas, los anuncios, los mercados, se desplomaron bajo el peso del agua y apareció el desierto. Los discursos se pierden entre dunas, un millar de peces se asfixian en la arena.
martes 10:37 a.m.
Los niños buscan peces junto a las aceras, corren con bolsas de plástico y cubetas en las manos. Debes oír el eco de la lluvia en la lama que crece en las paredes, en el grito sorprendido de las lagartijas. Te hablo de la lluvia porque tengo inundado hasta los sueños y el recuerdo de una niña descalza sobre el lodo. Unos perros ladran, como locos, a las sombras. Debo decirte que una ciudad se destruye con el agua y nacen otras muchas en cada gota que se estrella contra el suelo.
miércoles 5:00 pm
Qué decir si la voz está inundada. Llueve. La sorpresa vagabundea a sus anchas mientras la roca se desgaja. Están vacíos los viejos andadores, se desdibujan los senderos, las calles se tornan laberintos. Debieras ver los rostros que perdieron el norte y se preguntan, al pie de la torre, cuándo terminará la noche, cuál es el principio y el destino, cuándo empieza el nuevo siglo. Sólo puedo decirte de la lluvia, del gato que de tanto jugar con la madeja acabó enredado en el estambre.
sábado 7:13 pm
Mariposas ven pasar la lluvia desde los faroles. El agua arrastra grasa, basura, hojas secas. Se desprenden caricias en el parque al compás desafinado de los grillos. Chorrean sombras. Las palabras se quedan atoradas como piedras, como arena, te ahogas con un nudo de palabras en el cuello. Tú ves pasar la lluvia, también, y cadenas de palabras ahuecadas.
domingo 12:43 pm
Pasan cosas en la calle que no entiendo: un orador que escupe insultos y verdades absolutas, por ejemplo, o el apego irracional a las banderas. La ciudad se multiplica en cada charco, en cada mirada indiferente y vespertina, en los aparadores. Un poco de sangre aquí, un poco de llanto allá. Sopla la soledad un domingo a medio día en espera de un grito que se vuelva reclamo inútil, eco en las montañas, en los socavones y en los túneles. Hay ley seca hoy, pero las calles duermen una embriaguez ya vieja. La verdad nada hay que entender, sólo caminar despacio cuidando de no pisar las mariposas moribundas en el suelo.
sábado 11:41 a.m.
En una calle del centro, medio escondida y estrecha, encontré un museo de figuras de cera. Una sala me llamó especialmente la atención, en ella se reproduce una idea del fin del mundo. Edificios derruidos y en llamas, obscuridad, la gente huye hacia su muerte, un gran dragón incendia pueblos y ciudades, la tierra se agrieta para vomitar a los muertos y tragarse a los vivos, el viento arranca árboles de cuajo. En una nota colocada al extremo inferior derecho se afirma que los hechos tendrán lugar en el año 2002, según cabalistas e intérpretes. El horror se te pega y aún te sabe a tierra la boca cuando sales.
La verdad es que el mundo se acaba cada siete años más o menos y también los días en que suena el clarín en la mañana, cada siete minutos y todos los quince de febrero. El mundo se acabó anoche con un olor de alcohol y fierros retorcidos, con un disparo anónimo, con un puñal insomne. Se acabará dentro de unos segundos o tal vez el día de tu cumpleaños, con un ladrido o una campanada. El mundo se acaba tantas veces que es imposible guardar el fuego en la memoria y los temblores y las bestias.
domingo 1:32 pm
La ciudad siente especial fascinación por el otoño. Todo se vuelve arena y hojas secas. Se desvisten los árboles. No te recomiendo visitar a la ciudad en estas fechas, andas por las calles que se agrietan escupiendo arena, sangras arena. Aquí nace todo el polvo del mundo, todo el color ocre. No hagas caso a las guías, mienten, sólo hay unas cuantas casas viejas, mucha miseria, un desierto, varias cantinas, un ejército de perros que se mueren, dos o tres templos de adobe, y las fábricas de arena. Lo demás son fantasmas, espejismos, escenarios de papel que servirán de pasto a los hornos del tiempo. Los generales ven volverse de arena sus medallas, los nobles buscan sus blasones entre las cenizas. Los premios, los aplausos, los cocteles, los discursos, los notarios y sus escrituras, todo es combustible para fabricar silencio. Me gusta salir a caminar por las mañanas y ver amarillear el sol sobre los muros y ver, también, como se tuesta y se deshace, la hoja de papel en la que escribo.
domingo 11:11 a.m.
Llegaron al pueblo las banderas, a la gente le gustaron por vistosas. Las colocaron en los postes, en los pararrayos, en los balcones, en las ventanas, en las puertas. El colorido de las enseñas fue como un mar que se volcó en las calles, las plazas, los quioscos, los mercados. El paisaje quedó oculto por los lábaros y también la noche, el sol, las estrellas y el aire. Murieron todos por asfixia y el pueblo se volvió fantasma vestido de banderas.
viernes 5:36 pm
Casi al final de una calle empedrada, que parte de la Plaza de Armas al oriente, vive un grupo de artesanos que dedican su vida a la construcción de barcos. Grandes armazones de madera sustentan la forma de galeones, goletas, bergantines. Está lejos el mar y por lo tanto, los barcos son depositados en un valle cercano en donde se deterioran bajo el golpe del viento, la acción del polvo y la polilla. El lugar parece una gran maqueta de múltiples naufragios. Los huizaches son como sombra de corales y casi se oye el grito de los marineros al levantar las anclas, izar las velas y acomodar cordajes. Si le preguntas a los constructores de barcos, la razón de su actividad descabellada, te dirán lo siguiente: "Afirma la tradición que el fin del mundo se avecinda y es necesario prepararse, los mares ocultarán el continente y sólo un nuevo Noé podrá cruzar el año dosmil, en un velero."
lunes 1:49 pm
El futuro se acaba y entonces te dejas crecer una piel de lodo y unas uñas negras y unos pelos hirsutos. Te arrancas la memoria y te vuelves navegante. Últimamente el viento ha traído pordioseros, hombres casi negros con una piel de tierra. Hablan solos, se levantan la mugre con las uñas, vagan con sus piojos y unas bolsas de papel con desperdicios. Acostumbran reposar su olor a rancio en los quicios de las oficinas públicas, en parques, en los andadores del centro. Aparecen como salidos de una pesadilla con sus ojos de brasa que se apaga. Se multiplican, cada vez hay más, las ciudades se llenan de viajeros que son como un insulto, como una bofetada, como un escupitajo. Cuando veo alguno de estos vagabundos pienso si no serán heraldos del demonio, vómitos del tiempo que se acaba, pus de la opulencia y el orgullo o, simplemente, navegantes del viento que perdieron sus recuerdos.
miércoles 6:10 pm
Reviso mis papeles, mi agenda, es sorprendente la irrealidad de los paisajes que te nombro. Las calles son otras calles, el sol es otro sol. Qué distintos son los lunes cuando los ves a la distancia en claroscuro de los miércoles.
Cada vez que abro mi cuaderno encuentro ruinas, esbozos, proyectos, me da por arrancar las hojas entonces, fabricar planeadores y arrojarlos. Es posible que un viernes trasnochado aterrice en una mañana solitaria de domingo, o se pierda en el mal olor de una coladera.
martes 2:27 pm
Existe una ciudad casi de humo en el valle de Tan, te la nombro contra mi costumbre de no congelar la realidad con sustantivos, porque a veces la palabra sirve como ancla en la memoria. En ella la luz arriba de tarde en tarde y muy oblicua, como si quisiera pasar de largo sin tocarla. Sus calles se enroscan entre los muros en ruinas. Los rincones, los quicios, las ventanas, los adobes y las piedras, se vuelven polvo y sedimentan en el lecho de un lago seco, yermo por la sal. Siento la tentación de decirte que lo recorren los fantasmas y el eco de los muertos, pero no es cierto. Trajinan por estas calles: mujeres silenciosas, borrachos, afiladores, jardineros que sólo recogen ramas secas, mujeres con máscara y de rojo, panaderos, bicicletas. En lugares estratégicos hay hombres que vomitan discursos o puñales. Lo más importante de esta ciudad es el silencio, lo destilan las piedras, las campanas, corre por pasajes subterráneos que son como venas bajo una piel de arena. Un corazón muy viejo late oculto para bombear silencio que nadie escucha porque el ruido de las cadenas se lo impide, porque el miedo se vuelve voz para ocultarlo.
jueves 6:15 pm
En ciertos lugares de la ciudad, cuando los rayos del sol forman redes de luz sobre los muros, la realidad se quiebra y se ven jinetes negros que marchitan las plantas a su paso, destruyen edificios a mandobles; se ven sacerdotes con plumajes y con hábitos llevando corazones sangrantes en las manos, dejan huellas de orín con las sandalias. Sólo los niños ven estos fantasmas y se divierten asesinando sombras de ministros y jinetes, con la luz de los espejos.
lunes 10:53 a.m.
Te quiero platicar de un sueño en el que los personajes se transforman, se vuelven de mil rostros y acaban lluvia o tierra. El sueño negro, el sueño blanco en el que el mundo se torna olvido cuando inciden en él, de cierta forma, las gotas de la lluvia y la tenue luz de las mañanas de septiembre. Pasan cosas en esta ciudad como el sonido de un camión de madrugada. Los gallos están muertos, o callados, sólo los motores emergen de la noche. Las orugas envuelven el silencio en sus capullos. Tal vez esto que te digo no fue un sueño sino una percepción insomne y arbitraria de la realidad. A fin de cuentas cada rostro es una gota que se pierde en el barro.
lunes 8:19 pm
Te puedo decir una calavera de azúcar en noviembre, un cuaderno, cuatro o cinco monedas relucientes, una vieja pluma ya sin tinta, la risa de un niño, unas campanas, ruido de motores. Así es una tarde en este pueblo en donde la historia se convierte en arena, el desierto reposa a la vuelta de la esquina. En este pueblo erizo donde lo único real son las espinas.
jueves 5:34 pm
Si caminas despacio por la calle te llaman la atención los personajes. Los hay como de piedra y cargan verdades en las manos, para ellos una mesa es una mesa y el tiempo se divide en horas. Es fácil verlos arrojar discursos en los quioscos o en los cafés, construir historias con palabras de metal como cuchillos o monedas. Casi todos ellos están ciegos y no saben que sólo traen ceniza entre los dedos.
miércoles 11:22 a.m.
Me levanté para hacer un recuento de los daños. La ciudad explota cada noche. Una gruesa nata de silencio cubre las paredes y las mesas. Es bueno recorrer el campo de batalla en las mañanas para ver a los muertos, las arañas, una nueva grieta sobre el muro.
En dos o tres cajones hay historias que se oxidan pero te cuento de unos pasos lentos, las hormigas, una vieja ciudad en la que se fabrican ruinas.
miércoles 7:43 pm
El cielo está nublado. El agua resuena en los tinacos. Hay basura en la calle. Danzan las abejas y las mariposas blancas en el limonero. Estoy en otra ciudad, en otro tiempo. Trato de decirte las cosas que me inquietan, busco la forma de llamar tu atención a lo invisible. Las ciudades son de arena y se mueren con el golpe del viento; pero estas mariposas son las mismas que cazaba en el atrio, las que manchaban con polen mis cuadernos. El silencio está afuera y traigo en la memoria mariposas clavadas con alfileres en cartones.
III
El diablo
Cuando lee, usted se enfrenta
a sí mismo, o a otro, y en cualquiera
de estas confrontaciones busca poder.
Poder sobre sí mismo o sobre otros,
pero poder.
Harold Bloom
El diablo maneja los hilos que nos mueven.
Gracia hallamos en todas las cosas repugnantes
y damos cada día un paso hacia el infierno.
C. Baudelaire
jueves 4:10 pm
En ocasiones te envío textos que son trampas, el diablo me los dicta tal vez con la intención de verse en un espejo o la de meterse a fuerza donde nadie lo llama. No les busques sentido, son otras cartas que puedes mezclar en tus archivos, hacer con ellas un capítulo aparte, fabricar un infierno con papeles o dejar que la memoria se las trague.
viernes 8:14 pm
En todas las ciudades al doblar una esquina, al cruzar una calle, cuando ves algún gato o se encienden los faroles, se te aparece el miedo. Dice Laura Elena que se mete a cuchillo entre la sopa y los sueños. Tiene que ver con el dolor. No es mi soledad sino tu ausencia y ese ser intangible que nos tiene agarrados por el vientre. No necesito decirte todo esto pues lo sabes, pero a veces me distraigo un poco con la pluma. Un viejo cura, que casi no recuerdo, me dijo que el diablo está siempre junto a ti de la mano del miedo. No le creo, tú tampoco le creas, aunque lo veas lanzar, también, los dados al tablero.
sábado 11:51 a.m.
La nostalgia pica como ese sol de otoño que se incrusta en la piel y entonces, los rostros de los muertos recorren la memoria hasta perderse y las historias forman crucigramas. Creo que en el fondo sólo existe una historia: de la espada, las cadenas, el cuchillo, la del poder y el diablo, de la mujer que implora por sus hijos.
domingo 11:45 a.m.
Hágase la sombra dijo Lucifer, y la luz huye desde entonces a salto de mata, en el desierto, esperando con temor la noche.
Sabrás del círculo satánico, encontraron restos en distintos lugares: un poco de cal para pintarlo; cinco velas que señalan, invertida, la estrella de David; perros gatos y negros ya sin vida; extraños signos pintados con carbón; huellas de pies descalzos.
Se oye el rumor del miedo que se deja venir en marejadas y la luz es apenas un hilo que amenaza romperse. Los oficiantes, son ellos los verdaderos causantes del terror. Todo un panteón de monstruos esperan despojarse de la máscara y trazar conjuros con tiza en las paredes, en círculos maléficos, y en discursos.
lunes 6:38 pm
Leí una frase, de Revel, en la que afirma que la primera de las fuerzas que dirige al mundo es la mentira. Seductora la frase y mentirosa, como un conjuro o una paradoja. No obstante puedo señalar dos verdades que se me hacen evidentes: la pobreza y el diablo. A la pobreza la he visto en todas partes; crece como el cáncer, huesuda, con el rostro pintado; vaga en basureros y cantinas; juega lotería en atrios, antesalas; la he visto en los discursos y los rezos. En cuanto al diablo, me sigue desde chico, se me pega al estómago como un dolor por hambre o me espanta los sueños. El diablo se disfraza y te seduce, se vuelve de metal, te coloca una espada entre las manos y después te desarma y te tortura. Desde luego no busques metáforas en este asunto del demonio. El diablo es el diablo y anda pegado a mí, como mi sombra. Lee el periódico de hoy y encontrarás al diablo que se pega a ti, también, como tu sombra.
domingo 10:00 a.m.
Hace tiempo que se escucha el silencio y los ecos de la guerra. La rabia se esconde mientras la batalla se transforma en espectáculo. Desconcierta la estupidez y los misiles: el poder ciego. Enmudezco al ver la máscara antigás con que se oculta el miedo.
martes 7:04 pm
El oscuro enemigo que el corazón roe
con la sangre perdida se fortalece y crece.
C. Baudelaire
Tratar de describir al diablo es una empresa que no vale la pena, su nombre es máscara, disfraz, discurso. Lo que sí puedo decir es que está en todas partes: en las sombras, en el fuego, los relojes, los libros, los zapatos, los martillos, los huevos fritos y la sopa. El demonio es la mosca y el policía, el gobernante que habita en los discursos, el médico, el carcelero, la madre, la madrastra, el profesor, el gerente. El diablo te penetra y utiliza, está en ti sin que lo sepas, es el inconsciente que se esconde bajo el sueño. No sé cómo hacértelo ver sin que te asuste. No es un ser ni un objeto, es un sistema, un proceso, algo que te engloba sin sentirlo. Resulta infantil pensar al diablo como un ser deforme, imagen del horror y el asco. Para encontrarlo sólo hace falta ver en los espejos.
miércoles 6:15 pm
Afirma la leyenda que Dios expulsó a Luzbel del reino. Tengo la impresión de que no fue así precisamente. Tal parece que el diablo robó un pedazo a Dios para fabricar infiernos o, en todo caso, el Creador se mutiló a sí mismo; se sintió malo y se confinó en el cielo, en penitencia, dejando su creación a los demonios.
jueves 3:49 pm
Se oye hablar del diablo o de los diablos, plural o singular da lo mismo. Hemos conocido la geografía de los infiernos, la clasificación de los espíritus malignos según sus clases, sus propósitos, sus formas. Satanás se desdobla y se fragmenta, constituye un ejército, legiones, es único y es múltiple, es una lengua y muchas hablas. Clasificar al diablo, pretender conocerlo, resulta inútil, siempre se te escapa como el humo para volver a ti con sus tormentos. Sin embargo, podemos optar, nada más para matar el tiempo, por un orden absurdo.
Existen los demonios que se encargan de ocultar lo irracional tras las palabras; los vestidos de traje gris, los de pelo largo, los que usan huaraches, los descalzos, los que llevan zapatos bostonianos, los que parecen diablos francamente, los que no lo parecen, los que se encargan de fabricar dinero, los que lo queman, los que chupan la sangre de sus víctimas, los que punzan los brazos y las piernas, los que corroen por dentro, los gigantes, los microscópicos, los que no se ven, los que cobran por sus servicios, los que atormentan por placer, los que usan uniforme, los de la secreta, los que apuñalan de noche, los que lo hacen a plena luz del día, los impostores, los que tienen licencia. La lista pudiera volverse interminable y no tiene caso seguirla a sabiendas de que es falsa. El diablo es uno, como el agua, y adopta la forma que le plazca.
viernes 8:07 pm
Uno de los nombres del diablo es poder y su rostro son mil máscaras: El engaño lo define y lo alimenta. Es un luchador, una viejecita, un niño y sus parásitos. Es difícil luchar contra él pues nadie conoce todos sus disfraces. Lo cierto es que está junto a ti, enrollado debajo del tapete, oculto entre el vidrio y la capa de azogue que lo cubre, en las partes bajas del relieve en las monedas, en los cuchillos, como un tumor en una madreperla.
sábado 3:26 pm
Capítulo aparte merecen los tormentos. La baba de Satán se desparrama, siembra la avaricia, la culpa, la gula, el desinterés, la ceguera. Así vamos los mortales ya sin rabo, de tanto esconderlo entre las patas, huyendo siempre para evitar el desierto, la marginación, la cárcel, la locura.
domingo 9:16 pm
Hace frío por las noches, mucho frío, cuando los grillos salen en silencio y las mariposas caen de los faroles. Es usual en estos tiempos ver al demonio en las esquinas, en los grandes salones, en las oficinas, en los banquetes. Es usual verlo lamer sus heridas de las que mana sangre de monedas. Debo decirte que el diablo ya no compra las almas, las vende, para atesorar el oro en los infiernos.
sábado, 16 de mayo de 2009
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